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ANGEL MONCAYOLA - Txtos e vivencias
 




Escrito por Angel Moncayola às 09h34
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ENCUENTROS

ANGEL MONCAYOLA

 

PRESENTACIÓN

     En el año de 1997, yo estaba ocupado con dos actividades paralelas: una de ellas era conseguir mi jubilación a través del sector de Convenios Internacionales del INSS (una operación bastante complicada por cuestiones burocráticas que me llevó un año hasta conseguir mi objetivo). La otra actividad paralela, que yo cumplía siempre que podía, era la de observar el cielo nocturno en una región remota de la Chapada dos Veadeiros – Brasil.

     Mi intención con esta segunda actividad, era la de intentar rever fenómenos luminosos extraños, que ya había observado en aquella región 15 años antes. Los resultados de aquella pesquisa “in loco” se encuentran en el sit internético:

http://bflopez.blog.uol.com.br – Histórico 10/09/2006 a 16/09/2006.

     Por aquellos tiempos yo me acostumbré a registrar en un cuaderno todo lo que observaba de extraño en el cielo, incluso la fecha de mi observación. Esa costumbre, de colocar fecha en todo lo que escribía, acabé extendiendo para todos los textos y anotaciones que escribía por aquellos tiempos.

     En aquellos tiempos yo tenía una vida de gitano, sin lugar fijo, viviendo en residencias de amigos, haciendas, pensiones, etc. Mis “cosas” estaban distribuidas entre casas de amigos y mochilas que llevaba conmigo. Un día que estaba en una pensión, empecé a releer cuadernos y papeles sueltos con textos que había escrito más de un año antes, textos esos que ya no me acordaba de haber escrito, y que me parecieron interesantes de ser conservados para tal vez algún día ser publicados. Así empecé a organizar en orden cronológica todo aquél “material” que estaba esparcido por diversos lugares.

     En 2.003 reuní varios textos datados que tenían como denominador común el hecho de ser “circunstancias dramáticas o peligrosas” vivenciadas en el pasado, les di el título de Encontros (Encuentros en español) y lo publiqué en portugués en un sit de la Internet.

     Ahora ya, después de 4 años, los empecé a traducir  para el español, para publicarlos en algún blog que pienso abrir en la Internet.

Cavalcante – Brasil. Junio de 2.007

           



Escrito por Angel Moncayola às 09h25
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INDICE

01-               BARGAGAIN I

02-               EL MAYOR DESAFÍO

03-               BARGAGAIN II

04-               CUEVAS DE OROBE – EN LAS ENTRAÑAS DE LA TIERRA

05-               CASI UNA BOBADA

06-               DOMANDO EL MIEDO

07-               IMITADOR DE HEROES

08-               VALIENTES Y HABLADORES

09-               UN ABRAZO EN LA FRONTERA DEL INFINITO

10-               CONVERSANDO EN EL PORTAL

11-               POTASAS DE NAVARRA – EL RUGIDO DE LA TIERRA

12-               COMIENZO, MEDIO Y FIN – DIOS, DIOS Y DIOS

13-               PERDIDO ENTRE EL MAR Y EL NADA

14-               TRES ALMAS MÁS ALLÁ DEL CIELO Y LA TIERRA

15-               DE VUELTA A LA TIERRA

16-               ENTRENAMIENTO PARA MORIR EN PIÉ

17-               UN ÁNGEL LLAMADO NATI

18-               GRACIA – EL PODER IMBATIBLE

19-               PLATO DE HOY: ARROZ CON RATA Y CULEBRA

20-               LA PLATAFORMA

21-               SUPERADO LOS LIMITES

22-               ATLÁNTIDA, TITANIC, P – 36 Y EL MAR

23-               PAZ AQUÍ Y AHORA

24-               DRAMAS: FICCIÓN Y REALIDAD

25-               SILENCIO

26-               ¿TORO TIENE CUERNOS?... ¿DONDE?

27-               ENRIKE ZELAIA



Escrito por Angel Moncayola às 09h23
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1 – BARGAGAIN

     En el municipio de Alsasua – España, donde pasé mi infancia y juventud, existe una cruz de hierro en el punto culminante del municipio, cruz esa que fue instalada en 1960 y que fue hecha en una fundición en la cual yo trabajaba en aquella época. Los moldeadores que hicieron los moldes de la cruz se llamaban Santiago Goicoechea y Casto Azcárate. Como yo trabajaba como ayudante de los dos, yo también trabajé directamente en la construcción de la misma.

     La montaña donde la cruz fue instalada se llama Bargagain. Ella no es puntiaguda y al contrario, ella se extiende por unos 20 o 30 kilómetros a una altura constante de alrededor de 1.150 mts. de altitud sobre el nivel del mar. Esa extensa montaña, divide el valle de la Burunda y la sierra de Urbasa. Esta última queda del lado sur de la montaña y es una meseta bastante amplia,  de floresta cerrada en gran parte y a una altitud aproximada de 1.000 mts. El valle de la Burunda queda al norte de Bargagain, a una altitud media de 500 mts., y en ese valle hay varios municipios, siendo el mayor ellos Alsasua. Que era donde yo vivía.

     Mirando Bargagain del fondo del valle, se puede observar debajo de la cima y a una altitud aproximada de 1.000 mts., un alto paredón, que al igual que la cumbre se extiende por muchos kilómetros (ese paredón ya fue acantilado donde las olas del mar se rompían, hace millones de años atrás, cuando el valle de la Burunda quedaba en el fondo del mar).

     Antes de la cruz ser construida, cuando yo tenía 15 años aproximadamente, yo sabía por informaciones que aquél “paredón” solo tenía un lugar por donde ultrapasar para poder llegar a la cumbre de Bargagain. Por aquellos días y con aquella edad y sin conocer el tal “pasaje”, un buen día se me metió en la cabeza de intentar llegar a la cumbre de Bargagain. Así, después de acabar mi trabajo en la fundición, a las dos o tres horas de la tarde, emprendí mi subida a la montaña, bien deprisa para que la noche no me cogiese en el camino. Me parece que era inicio de la primavera de 1954, y había nieve a partir de los 700 o 800 mts. de altitud. Cuando llegué al “paredón” (que tiene entre 40 y 50 mts. de altura) yo pisaba nieve con una altura de 10 o 15 cms. Empecé a recorrer la base del “paredón” buscando el “pasaje” y solo encontré una grieta, la cual pensé que no podría ser el tal “pasaje”, pues era prácticamente imposible subir por ella, y menos todavía en aquella situación con las rocas cubiertas de hielo. Continué mi busca, pero estaba perdiendo mucho tiempo y decidí volver a la grieta para examinarla mejor. Como estaba obstinado en alcanzar la cumbre, decidí “arriesgar el pellejo” y subir por allí mismo. Apoyando pies, manos y espaldas en aquella mezcla de rocas y hielo, fui subiendo con gran dificultad. ¡Fue verdadera locura, pero conseguí salir vivo del desafío! Después de superar el “paredón”, el resto fue fácil hasta alcanzar la cumbre. Y por la primera vez en mi vida contemple el Valle de la Burunda de un lado y la Sierra de Urbasa del otro. Pero no perdí ni un minuto con mi “contemplación”, pues estaba oscureciendo y bajé corriendo de nuevo para el valle: ¡varias veces di vueltas de campana  en la nieve cuando me caía, pero yo seguía en mi loca carrera  cuesta abajo, milagrosamente sin romper ningún hueso en la bajada! Cuando llegué al valle ya era de noche y solo entonces me di cuenta de verdad de la locura que había llevado a cabo: ¡Ni siquiera había avisado a nadie para donde estaba yendo!...

     Pero tampoco fue la única vez en mi vida que hice locuras semejantes: varias veces “casi me maté”, en aventuras ocurridas en montañas, florestas, cavernas, y en la mina (si bien que en esta última no entraba por aventura y si lo hice durante dos años por profesión, cuando trabajaba en Potasas de Navarra). Sentí siempre en esas “aventuras locas”, como si existiese junto de mi algún tipo de “mano poderosa e invisible” me protegiendo… Tal vez la misma “mano” que me empujaba para enfrentar el desafío, luego acababa me protegiendo… ¡no lo sé!...

     Un hecho histórico sobre el “pasaje verdadero” (que solo conocí algunos años más tarde) es que él fue abierto con dinamita, en la década de 1920, por ganaderos de Alsasua,  para estos poder llevar su ganado a los pastos de la Sierra de Urbasa y con eso evitar de pasar por los territorios de los otros pueblos del valle, estos los cuales les cobraban una tasa por cada cabeza de ganado del rebaño.   

     Alto Paraíso – 25 / I / 1998. (Revisado en Junio de 2007).



Escrito por Angel Moncayola às 09h22
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2 – EL MAYOR DESAFIO

     Madrugada en la hacienda Banderinha. Altas voces en el cuarto al lado me despertaron… Es el señor José que está teniendo pesadillas. Solo entiendo que el dice: -¡Hay, Dios mío!

     Hoy se quedó solo, después de dos meses que su familia estaba junto con él… El sr. José no aguanta la soledad: él se queda atormentado, principalmente a las noches… Ya conocí muchas personas así… me parece que son la mayoría…

     Soy un privilegiado en ese aspecto: ya llegué a pasar varias semanas solo en los montes, sin dejar rastro atrás de mi para no ser molestado, y no conocí ese sentimiento de la Soledad, tan desagradable de ser vivenciado por lo que me dijeron. Cuando yo estoy solo, siento como si “alguien” estuviese siempre junto a mí; y no son los fantasmas de personas muertas, o cualquier tipo de “presencia” desagradable parecida, sino  al contrario: ¡siento esa “presencia” como siendo algo de Mucho Mayor, acogedor, compañía que yo siento como siendo Fuente de Bienestar!...

     Al contrario del sentimiento placentero de la Soledad, el sentimiento de la proximidad de la Muerte no me dejó buenos recuerdos. Trabajando en la mina sentí su “presencia” me rondando muchas veces. El único placer que me trajo ese tipo de vivencia, fue el de comprobar que yo era capaz de realizar aquello que me consideraba con el deber de realizar, aún mismo que “ella” se interpusiese en mi camino para me intimidar e impedirme de realizar aquello que yo consideraba como siendo mi deber a cumplir en aquél momento. Por ejemplo, entrar debajo de techo crujiendo y amenazando hundirse a cualquier momento, como lo hice varias veces durante los dos años que trabajé en Potasas de Navarra, cuando me sentía con el deber moral de enfrentar aquél arduo desafío “pase lo que pasar”.

     Como digo, sentir el placer del “deber cumplido” ante la amenaza de la Muerte, fue un placer caro de obtener, al contrario del placer de enfrentar la Soledad, que siempre fue un placer gratuito para mí.

A.                                                                                                                                                                                                                                                           M. –Eunapolis- BA -1-III -1998.



Escrito por Angel Moncayola às 09h21
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3- BARGAGAIN II

     Ayer estaba viendo un video de 1990, donde yo disputaba con mis hijos carreras de bicicleta en el Parque de Ibirapuera en São Paulo.

     Hoy por la mañana, lo asocié con otras competiciones en las cuales participé, incluso una referente a la Cruz de Bargagain.

     En 1960, con la instalación de la Cruz en la cima de la montaña, subir hasta allí se transformó en una moda entre los jóvenes de Alsasua.

     En aquella época, yo trabajaba en Fundiciones de Alsasua, como ayudante de Santiago Goicoechea y Casto Azcárate, estos los cuales fueron los moldeadores que se encargaron de hacer los moldes de la Cruz.

     Los dos moldeadores empezaron a discutir, por causa de que Santiago dijo que él conseguía subir en menos de una hora hasta la Cruz. Casto decía que eso era imposible, pues ya había subido hasta allí cuando era joven y sabía lo difícil que era escalar aquella montaña (me parece que eso era en el Invierno de 1960).

     Me interesé por el asunto, pues en la época yo participaba de carreras de Cross Country, representando la Provincia de Navarra en los campeonatos nacionales que ocurrían todos los años. En la propia fundición trabajaba otro corredor de la misma especialidad que yo, Garés, al cual le hablé sobre el motivo de la discusión entre Casto y Santiago. Este me dijo que un grupo de jóvenes ya había disputado una carrera informal hasta la cumbre por aquellos días y que el ganador había subido en 45 minutos. De eso deducimos que nosotros, como especialistas de Cross Country, tal vez seríamos capaces de subir y bajar en una hora, tiempo ese que Casto consideraba insuficiente para solo subir hasta la cumbre.

     En el mes de Marzo de 1961, Garés y yo representamos la Provincia de Navarra en el Campeonato Español de Cross Country, que ocurrió en Lasarte. Al domingo siguiente hicimos un experimento cronometrado (con mi reloj de pulso común) de subida y bajada a la Cruz. La subida la hicimos juntos. En la bajada tuvimos un problema: perdimos más de 5 minutos buscando el pasaje del “paredón”. Después continuamos bajando juntos hasta El Castillo (altitud de 750 m aproximadamente). Allí le dije a Garés que yo iba a disminuir el ritmo, pues estaba con fuerte dolor en la parte inferior de la columna, pero que él podía continuar en aquél ritmo.

     El tiempo que yo hice (de la carretera hasta la Cruz, ida y vuelta) fue de 55 minutos. Creo que Garés debió completar el recorrido en dos o tres minutos menos que yo. La conclusión a que llegamos, era la de que con entrenamiento específico en aquél recorrido y sin la pérdida de tiempo que habíamos tenido en el pasaje del “paredón”, seguramente que conseguiremos subir y bajar en menos de 50 minutos.      

      Todavía comentamos, que si desafiásemos a Casto en que conseguiríamos subir y bajar en menos de una hora y él aceptase hacer una apuesta en dinero con nosotros, él iba salir mal de la disputa.

     Pero no hubo tiempo de promover la apuesta, pues aquella misma semana Garés fue para Melilla a hacer el Servicio Militar.

     En el domingo siguiente hice de nuevo la prueba yo solo y completé el recorrido en 48 minutos y medio (los tiempos los tomé yo mismo con mi reloj de pulso. Como no fue un cronometraje oficial, con cronometro oficial estacionario, puede ser que el tiempo registrado no fuese bien exacto).

     Y antes de aquél fin de mes de Marzo, yo también me incorporé en el Ejército, donde serví en el Regimiento 24 de Artillería de Montaña, en Pamplona. Allí me encontré con dos amigos que eran cabos veteranos, Paco y Pocholo (este último era también atleta de Cross Country, y también estuvo interesado en hacer la prueba de la Subida a la Cruz, mas al fin la hicimos solo Garés y yo). Paco, que era Cabo Administrativo en la Plana Mayor, influyó para que me destinasen para la Batería donde Pocholo iba a ser instructor, que era la Batería de los Chóferes de Vehículos Motorizados. Así, Pocholo, que algunos días antes no pudo hacer con nosotros la Prueba de la Cruz, acabó siendo mi “jefe-protector” durante mi periodo de instrucción militar.

     Mis actividades atléticas las reinicié 25 años después, cuando ya estaba en Brasil, donde participé de muchas carreras pedestres, incluso la carrera de San Silvestre y un maratón, este el cual lo hice cuando estaba con cerca de 50 años.

     Es el recuerdo de un episodio más que me une a la Cruz de Bargagain.

A.                                                                                                                                                                                                                                                           M. –Alto Paraíso 27 / V / 1998.



Escrito por Angel Moncayola às 09h20
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     4 – CUEVAS DE OROBE – EN LAS ENTRAÑAS DE LA TIERRA

     Ayer un amigo me estaba contando de los apuros que pasó recientemente en el monte, por tener que andar de noche sin luz, subiendo y bajando por escarpas y barrancos.

     Ese relato me trajo a la memoria dos episodios peligrosos que vivencié en las Cuevas de Orobe, en Alsasua – España, en la década de 1950.

     Una vez fui junto con mi hermano Javier a visitar aquellas Cuevas. Cogimos nuestro farol de carburo y fuimos allá sin avisar a nadie.

     Las cuevas que son normalmente visitadas no tienen muchas dificultades de acceso, pero debajo de la entrada de la mayor de ellas, existe una sima que baja para las entrañas de la Tierra siguiendo canales, chimeneas, abismos y muchas bifurcaciones horizontales y verticales. Y fue por aquellos agujeros por donde fuimos nos metiendo en las entrañas de la tierra en nuestro afán exploratorio-aventurero (las lluvias torrenciales arrastran para dentro de aquellos agujeros piedras, vegetación y hasta troncos viejos de árboles, cambiando con eso la situación de los accesos disponibles para penetrar en el interior de la sima).

     Y por allí fuimos nos metiendo nosotros, cada más fondo, dejando para atrás todos los tipos de agujero: grandes, pequeños, para arriba, para abajo, para los lados…

     Y así llegamos para una bifurcación vertical: a nuestros pies había un agujero sin fondo visible y para arriba, a unos 5 metros de altura, se podía ver una especie de terraza.

     Empezamos a escalar por la chimenea para llegar a la terraza, y cuando casi lo conseguimos la situación quedó dramática: El farol se apagó!... En aquella oscuridad total, conseguimos con enorme dificultad instalarnos en la terraza, sentados y con los pies colgados en el abismo… Y empezamos a intentar encender de nuevo el farol… Pero las cerillas se habían mojado y no conseguíamos encenderlas… Mi hermano también lo intentó y tampoco consiguió encenderlas… Cada vez dejaba más tiempo entre un intento y otro, abanicando los fósforos para ver si así se secaban.

     Yo ni me acordaba de cómo se rezaba. En realidad, desde que era un crío estaba mal con aquél “Dios” que la Religión Católica me presentaba como siendo la Verdad SupremaY aquél era el “único Dios posible” en aquél medio religioso en el cual me crié… Aquél medio era un ejemplo perfecto de aquella perspicaz observación que hizo el filósofo Santillana cuando escribió: En los países en los cuales no ocurrió la Reforma, solo existen dos posibilidades religiosas disponibles: Catolicismo y Ateísmo…! no existe una tercera opción!... Se puede decir que yo era ateo por aquéllos tiempos…

     En las entrañas de la Tierra… Nadie sabía donde estabamos…Oscuridad y silencio absoluto… Ni mi hermano ni yo decíamos una sola palabra… Yo resistía a proferir una exclamación que quería brotar de mi pecho… ¡ES EL FIN!... Pero junto con aquél grito ahogado en mi pecho había también algo más… era un tipo de presencia invisible que también quería se manifestar: ella parecía querer decir ESPERANZA… Una y otra , esperanza y desespero entablaban reñida lucha dentro de mí… Poco a poco aquella se fue haciendo mayor que esta, mientras abanicaba los fósforos antes de intentar encenderlos… Hasta que al fin alguno de ellos empezó a dar señales de querer encender… Cada vez dejaba más tiempo entre los intentos de encenderlos… ¡Y así llegué al último fósforo!... Me parece que fue una eternidad que pasé abanicándolo antes de decidirme a encenderlo…

     Un tipo de Serenidad indescriptible me invadió antes del momento decisivo…!Hasta que al fin decidí que era el momento de raspar aquél ÚLTIMO FÓSFORO!... Lo encendí y con él el farol, e iniciamos el largo trayecto de retorno a la superficie… Con cuidados redoblados para no dar un paso en falso, lo que podría ser fatal, no solo por las dificultades naturales del camino, si no también por que si se apagase de nuevo el farol no tendría como encenderlo otra vez.

     Durante muchos años no conté a nadie del episodio. Y me parece que mi hermano tampoco lo hizo: ¡Ni entre nosotros dos hicimos alguna vez cualquier comentario sobre el asunto!

 

 

          Otra vez ocurrió junto con otro hermano, Alberto, con quien pasé por un momento crítico en el mismo lugar.



Escrito por Angel Moncayola às 09h19
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     En aquella ocasión, estaban por allí también varias personas de mi familia, incluso un tío y mis primos de Francia a los cuales les habíamos llevado para visitar las Cuevas.

     De nuevo me dio en la cabeza de volver a visitar aquella sima, de la cual una vez me salvé por poco de ser tragado para siempre. Yo no pretendía ir muy fondo aquella vez; solo quería visitar algunas interconexiones superficiales que ella tenía, entrar por un agujero y salir por otro… Mi hermano Alberto quiso acompañarme y le dejé que me siguiese.

     Buscando pasajes nuevos entre las rocas y ríos de piedras sueltas que formaban la entrada de la sima, encontré una chimenea vertical que pensé que podría tener alguna salida para el exterior. Dejé a mi hermano en la base de la chimenea y usando pies, manos y espaldas, empecé a subir por ella. Después de unos 6 o 8 metros verticales, ella cogía una inclinación de unos 45º , donde había muchas piedras retenidas… Fui a agarrarme en la primera piedra que estaba al borde del sector vertical para pasar por encima de ella, mas llevé una sorpresa: ¡Ella estaba en equilibrio inestable y casi rodó para encima de mi!... y todavía otras piedras que estaban atrás de ella empezaron a moverse también queriendo rodar junto la primera (esta parecía tener más de 100 kg.)…

     Tuve que tener mucho aplomo y serenidad para controlar la situación, y con la ayuda de mucha suerte a mi favor, conseguí que la primera piedra se quedase donde estaba, conteniendo junto con ella todo aquel río de piedras que amenazaban atropellarme en  la posición inestable en que me encontraba en el final de la parte vertical de la chimenea… Pero yo no estaba seguro de que si soltase la piedra, ella quedaría de nuevo sola en el lugar… me acordé de mi hermano que estaba en la base de la chimenea y de que si rodaba junto con las piedras, iríamos a arrastrar a él también… Le avisé a mi hermano de que se apartase de la base de la chimenea, pues podrían rodar piedras. El tuvo muchas dificultades para llegar a lugar seguro a las palpadas (el farol estaba conmigo). Cuando me avisó de que estaba en lugar seguro, yo pasé a equilibrar la piedra en el lugar para que quedase ella sola sin mi ayuda… No fue fácil, pues cuando yo no lo impedía, ella empezaba a moverse para rodar para en cima de mi… hasta que al fin pareció quedar en una posición en la que no rodaba…

     Conteniendo hasta la respiración (estaba con la impresión de que hasta un soplo podría desequilibrar la piedra del lugar en que la dejé) fui bajando con extrema cautela por la chimenea… Cuando llegué a donde mi hermano estaba es que volví a respirar aliviado… Me parece que ni le conté la situación crítica que habíamos vivido: ¡Si algún día él leer este relato es que lo va a saber!...

     Por dos veces casi fui tragado por aquél inmenso agujero semi-obstruido que existe debajo de la entrada de la mayor de las Cuevas de Orobe… y por las dos veces faltó poco para llevar junto conmigo a mis hermanos menores…

     Posteriormente, trabajé durante dos años en la mina de Potasas de Navarra, donde de nuevo pasé por circunstancias críticas en las entrañas de la Tierra… Pero aquí lo hacía con plena conciencia de los riesgos que corría, al contrario de los dos episodios aquí relatados , cuando yo obedecía a impulsos aventureros inconscientes y descabellados… Y hoy yo me pregunto a mi mismo: ¿Serían todos esos momentos críticos por los que pasé, apenas peldaños de la preparación inconciente de mi voluntad para enfrentar sin pestañear el DESAFIO FINAL?...

A . M. –Alto Paraíso 30 –VI – 1998.

 



Escrito por Angel Moncayola às 09h19
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5 – CASI UNA BOBADA

     Esto ocurrió en el final de la década de 1970.

     Por aquellos tiempos yo estaba con la vida familiar muy complicada, con profundos desentendimientos con mi esposa. Confieso aquí, que llegué a desear que ella se muriese. Pero aún que lo desease, ni se me ocurrió  por un momento de hacer algo de efectivo para que eso se transformase en realidad. Ya lo opuesto, en relación a mi propia muerte, no solo a veces quedaba deseando que ocurriese, si no también llegué a atentar contra ella, si bien que lo hiciese de forma inconciente y nada planeada.

     Por aquellos días, iba una vez de coche entre los estados de Santa Catarina y San Paulo. Emociones auto-destructivas me dominaban. Pisaba el acelerador hasta el fondo; rectas y curvas eran la misma cosa: ¡las hacía a velocidad máxima!... Los neumáticos estaban muy gastados y con adherencia precaria, cuando empezó a llover: Yo dirigiendo alucinado, y así en  la primera curva que encontré después del asfalto quedar mojado, el coche empezó a girar como una peonza, atravesó la dirección contraria, por suerte sin chocar con otro vehículo a pesar del transito intenso que había, y salió de la carretera girando como un “disco volador”… Breves segundos que me parecieron durar una hora. El mundo giraba a mi alrededor y yo calmamente monologando en silencio: ¡Bueno, anduve a vueltas con la tentación de suicidarme, para al fin no fue necesario, pues ya estoy yendo para “el Otro Mundo”! … Voy a quedar hecho pedazos… y ¿Quién será que recogerá lo que sobrar y para donde llevarán mis restos?... ¡Que lío para los encargados de hacer el “servicio”!... Pero eso ya no es problema mío y si de quien continuar por “este mundo”… ¡que hagan conmigo lo que les de la gana!... Etc…

     Paré en cima de un matorral, a unos treinta metros de la carretera. Quedé parado durante varios minutos, intentando descubrir lo que existía de diferente en el “Otro Mundo”, donde yo creía estar en aquél momento. Empecé a palpar mi cuerpo para sentir donde él estaba destrozado. ¡Tardé varios minutos hasta que empecé a sospechar que yo no estaba muerto y varios minutos más hasta convencerme de que aún estaba vivo!

     Salí del coche pensando que del lado de fuera iría a verlo todo destrozado, mas él parecía que estaba tan entero como yo… No se cuantas veces él giró alrededor del eje vertical, pero sé que lo hizo varias veces. Entre el coche y la carretera había muchos obstáculos y parecía imposible pasar por entre todo aquello sin las ruedas chocar de lado y provocar el inicio de las “vueltas de campana” del vehículo (posteriormente es que pensé que pasé “volando” por encima de todo aquello y no con las ruedas en el suelo)… No sé si alguien me vió en la hora del accidente ¡solo sé que nadie paró!

     Volví a entrar en el coche escéptico en relación a conseguir poner el motor de nuevo para funcionar… Nueva sorpresa: ¡Después de varios intentos, él empezó a funcionar!... Más escepticismo de mi parte: ¡Debe estar con la suspensión y alguna otra cosa hechas polvo!... Coloqué la marcha atrás, y el coche salió del matorral hasta suelo firme, donde experimenté el estado de la suspensión: ¡Esta también respondió bien a los experimentos que hice con ella!

     Salí de nuevo a la carretera sin convencerme enteramente de que ambos, coche y conductor,  todavía estuviesemos enteros… Pero mi estado emocional no estaba todavía re-equilibrado y de nuevo salí corriendo a toda la velocidad… Un kilómetro más adelante, de nuevo perdí el control de vehículo en otra curva, invadí la vía contraria bien enfrente de un camión que transitaba en la dirección opuesta, pero de esa vez conseguí recuperar el control del coche y llevarlo para mi lado de circulación… ¡Ese fue el momento en que ocurrió el “cambio del chofer”! … El “suicida” salió del comando de la situación, y volvió a ocupar su lugar el chofer usual, este tranquilo, paciente, auto-controlado en el tráfico…



Escrito por Angel Moncayola às 09h18
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     No fue la única vez que observé en mí tendencias auto-destructivas, al contrario de muchos que veo “por ahí”, que prefieren destruir a los otros. Deseé la muerte de mi mujer, pero no moví ni un dedo para ser su ejecutor, y ni me pasó siquiera por la cabeza en algún momento de yo llegar a hacer una cosa de esas, al menos de cabeza fría… ya de cabeza caliente uno no sabe ni lo que es capaz de hacer: si no maté a nadie todavía, es por que las veces que exploté de rabia contra alguien, mi antagonista retrocedió… incluso con mi propia mujer ya ocurrió, de yo parar con las manos en el aire cerca de su pescuezo, antes de ahogarla, y también de agarrar un machete y desafiar en lucha a muerte a oponentes que de otra forma no paraban de me incomodar… pero en esos casos, uno nunca sabe hasta que punto somos nosotros mismos como seres civilizados, o hasta que punto es algún tipo de “bestia feroz y primitiva” que todavía existe dentro de nosotros, a pesar de los siglos de “domesticación civilizadora” por la cual pasamos nosotros y nuestros ancestrales que nos antecedieron…

     Todavía existe dentro de mi algo así como un “sentimiento de culpa”, por yo haber deseado la muerte de mi mujer… Quien sabe todavía hay algún momento y ocasión de pedir disculpas a ella, a pesar de que para ser sincero, no me siento con ninguna gana de hacerlo… En relación a mis tendencias auto-destructivas, no tengo el menor sentimiento de culpabilidad: ¡Siempre me pareció esa tendencia más saludable que el deseo de matar a los otros!…  

 

     Otro detalle interesante que me viene a la memoria junto con el recuerdo de mi “casi suicidio” relatado, es el que relataré a seguir.

     Pocos días después de ese mi “casi suicidio”, fui yo hasta la casa de un vidente japonés, el cual practicaba el arte esotérico de la numerología.

     Al llegar allí, y antes de yo abrir la boca para saludarlo, él exclamó: -¡Casi haces una bobada!... Palabras esas que algunos años antes para mí no tendrían ningún sentido, pero después de mis pesquisas con ese tipo de personas, los videntes y seres con facultades paranormales inexplicables por la lógica, hicieron sentido al asociarlo todo con mi “casi suicidio” de pocos días antes (llegué a publicar un libro, EL CAMPO BIOPSÍQUICO, donde incluí los resultados de esas “pesquisas de campo” que hice). En algún rincón de mi “psiquismo inconciente”, quedó registrado aquél hecho, mi “casi suicidio”, y el vidente, con sus facultades paranormales, captó el hecho allí registrado, lo que motivó aquél comentario aparentemente sin sentido: ¡Casi haces una bobada!...

     De mi parte, a nadie yo relaté sobre el hecho, pero alguien, de forma inexplicable por la lógica, no necesitó que  le contasen para saberlo… ¡Que yo casi hice una bobada!...

A.                                                                                                                                                                                                                                                           M. –Alto Paraíso – 21/VIII/1998



Escrito por Angel Moncayola às 09h17
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6 – DOMANDO EL MIEDO

     Hoy estaba leyendo en un libro de Paulo Coelho, un texto a respecto de los conquistadores del Oeste Americano, donde dice que ellos solo hablaban y escribían sobre cosas buenas. En vez de reclamar, bromeaban sobre las dificultades que pasaban y componían músicas. Así ellos conseguían vencer el desánimo y los obstáculos que encontraban por el camino.

     ¡Yo también ya vivencié  circunstancias parecidas, durante los dos años que trabajé en las minas de Potasas de Navarra!... La convivencia con el peligro de morir a cualquier momento, transforma las personas, las hace más auténticas y hasta más divertidas. La fibra del Carácter es fortalecida en esas circunstancias extremas. Eso, si es enfrentado el desafío por voluntad propia, por que cuando alguien es forzado a enfrentar el desafío obligatoriamente o empujado por las circunstancias sin estar preparado para eso, el espectáculo resultante es otro, lamentable, deprimente…

     En la época del Terremoto de Kobe, yo estaba en Japón, y dos de mis hijos (Wladimir y José) trabajaban en aquella ciudad hasta pocos días antes del desastre, cuando fueron despedidos por la empresa en que trabajaban… A pesar de que el desempleo llegó en mala hora para ellos, en pocos días el “mal” se transformó en “bien”, con mis dos hijos desempleados a mi lado, viendo por la TV la fábrica en que trabajaban destruida, así como la ciudad en general, con sus millares de muertos debajo de los escombros.

     Las escenas dantescas que eran mostradas por la TV, contrastaban con el ánimo de los sobrevivientes, estos enfrentando de forma calma la situación y en algunos casos, aparecían algunos hasta bromeando: ¡Los japoneses que eran mostrados, estaban preparados para enfrentar la tragedia!... Y aún que la TV no mostrase los casos de gente descontrolada y desesperada, que seguramente también puede ser que existieran, en general se vió un pueblo preparado para reaccionar positivamente a la tragedia: ¡Ellos estaban preparados para aquello desde generaciones!... Igualmente que los mineros con que trabajé en la mina, que en su mayor parte eran hijos y nietos de mineros asturianos: ¡Ellos también estaban preparados para enfrentar con buen humor el desafío de la mina, sin escapar al enfrentamiento1…

     Todos vamos a tener que enfrentar el GRAN DESAFÍO algún día, y debemos prepararnos para eso… La mayoría lo hace dando las espaldas a la realidad, huyendo, con la insana idea carcomiendo su cabeza de que  podrá huir siempre al enfrentamiento… ¡Lamentable!...

A.                                                                                                                                                                                                                                                           M. – 17/IX/1998 – Alto Paraíso.     



Escrito por Angel Moncayola às 09h16
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7 – IMITADOR DE HEROES

     Hoy estuve reflexionando sobre el asunto “bravura”.

     Ese ahí, es un tipo de “fluido” que corre abundante en las venas de Guerreros y Héroes.

     El Héroe, tal como yo lo concibo, es el más “rico” en la posesión del “fluido-bravura”. Por sus acciones él está próximo del Superhombre mítico de nuestros humanos sueños. Él es un ejemplo para todos nosotros, sin pretender serlo. Él desempeña su papel en el mundo con naturalidad, sin necesitar que cualquier “rey de este mundo” le indique lo que tiene que hacer. A veces, hasta desobedece las directrices de los “reyes de este mundo”, por que él está en “sintonía directa” con algún tipo de Inteligencia Invisible y Superior (que es en la realidad quien rige los destinos de este mundo) y él está “a servicio” de esa Inteligencia Mayor.

     En un nivel más abajo del Héroe, veo al Guerrero, tal como Paulo Coelho lo describe: un ser conciente de sus limitaciones, mas capaz de superarse a través de la fuerza de voluntad.

      En un nivel más abajo de los dos anteriores, vienen loa “imitadores” de ambos, entre los cuales yo me incluyo en la mayoría de los “actos de bravura” que ya tuve en mi vida.   

      Y más abajo todavía de todos los citados, están aquellos que viven corriendo de cualquier situación de peligro. Cierran los ojos a la existencia de la Muerte, pensando que van a conseguir huir de ella por toda la Eternidad, que nunca van a tener que encararla frente a frente. Son los “avestruces” que meten la cabeza en un agujero del suelo, para “huir” a la presencia del cazador con su escopeta.

     Creo que yo ya anduve desempeñando mis papeles en el mundo en todos los niveles relacionados. Mucho tiempo de mi vida lo pasé ocupando el más bajo de los niveles citados.



Escrito por Angel Moncayola às 09h16
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     Ya estuve también muchas veces siendo un “imitador”. Además de intentar seguir los ejemplos de Héroes y Guerreros de los “tebeos”, tuve algunos ejemplos más próximos para ser imitados, en las figuras de algunos tíos míos. Uno de ellos, el tío Félix, el hermano mayor de mi madre, recientemente fallecido, recibió varias condecoraciones por actos de bravura que tuvo durante la Guerra Civil Española. Me acuerdo de una historia curiosa sobre él, en la cual están mezcladas la “bravura” y la suerte: Él hacía parte de un pelotón que fue cercado por el enemigo en un caserón; el comandante del pelotón pidió un voluntario que intentase atravesar el cerco para pedir socorro y él se presentó como voluntario; consiguió sobrevivir al fuego cruzado, pero cuando corría en busca de ayuda para salvar los compañeros, todavía vio el caserón volar por los aires porque los refuerzos enemigos llegaron antes para decidir la batalla (aviación o artillería, no me acuerdo, acabaron con sus bombas con  todos los compañeros que estaban en el caserón). Mi tío Félix fue el único sobreviviente del pelotón que hacía parte. Cuando acabó la Guerra él era sargento, a pesar de no tener vocación militar.

     Otro “tío bravo” que tuve fue Pedro (casado con una hermana de mi madre) hijo de francés y española, que tenía 16 o 17 años cuando Hitler declaró la guerra a Francia, y a pesar de él estar viviendo en España, fue voluntario para alistarse en el ejército francés y así defender el país de su padre. Como Francia cayó muy rápido delante del poderío bélico alemán, y él sobrevivió, luego se incorporó a las fuerzas de la Resistencia Francesa que luchaba contra el invasor alemán, hasta que fue aprisionado y enviado a los Campos de Concentración alemanes. Los alemanes le perdonaron varias veces la vida ante sus intentos de fuga liderando otros presos, por que además de indócil él era también excelente mecánico y las “maquinas de guerra” nazistas necesitaban de sus servicios. Volvió para su casa en España después del Armisticio, donde era dado por muerto, pues hacía varios años que no tenían noticias de él. Llegué a oír de un  ex combatiente francés, que le “debía la vida” a ese tío mío, y que no era él el único. Parece que ese tío, además de ser “bravo” en combate, tenía muchos gestos de solidariedad con compañeros en peligro.

     Esos dos tíos citados, tenían un carácter fuerte e impulsivo. Ellos  no eran de “medias tintas” y al mismo tiempo tenía rasgos de magnanimidad con los más débiles. ¡Ambos fueron un buen ejemplo para mí!... ¡Y ellos eran más reales que los héroes de los “tebeos”!...

    

     Tuve otros tíos en acción en la Guerra Civil Española, mas no conozco “actos destacados” de ellos: ¡apenas algunos “hechos curiosos”!

     El tío Casimiro, otro hermano de mi madre, se alistó con 14 años, y fue cornetín de su compañía. Paco, otro hermano de mi madre, en una ocasión que “servía” como cocinero del batallón, quedó semi-enterrado entre tierra, brasas y comida, por que una bomba cayó dentro de la cazuela del rancho: ¡Esta fue a parar a varias centenas de metros, donde fue encontrada rajada pero entera, lo que salvó de la muerte a todos los que estaban próximos a la cazuela!

    

      Otras vivencias de mis parientes por aquellos días conturbados de las Guerras. Mi madre, que vivía en la época en Alsasua, e a pesar de tener tres hermanos luchando por el lado nacionalista en la provincia vecina de Alava, le impusieron castigos severos (incluso le cortaron el pelo al “cero”) los propios nacionalistas, por el “hecho vergonzoso” de ser novia de un republicano (mi padre, que había huido por los montes, hasta la zona republicana, como ya fue relatado)… Y ahora yo me pregunto aquí: ¿ Donde estaría yo ahora, si mi padre no hubiese “salvado su piel” huyendo por los montes, eso tres años antes de yo nacer?... ¡Se alguien conoce la respuesta que me la diga!



Escrito por Angel Moncayola às 09h15
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     Otro tío ejemplar que tuve, fue otro hermano de mi madre, misionero Franciscano en Cuba, en la época que la guerrilla liderada por Fidel Castro y Che Guevara luchaban para derrumbar el Gobierno de Fulgencio Batista. Estudiantes cubanos en la Universidad de Madrid que conocí, me contaron algunas historias que revelan el fuerte carácter de ese tío.         

     Él fundó hospitales, reformó iglesias y se envolvió con la renovación de la fe en los lugares que estuvo. Solo que, no tenía el carácter y los métodos amenos del Padre Marcelo que conocemos por aquí en Brasil…

     Cuando llegó en Candelaria, Provincia de Pinar del Río, la institución eclesiástica estaba decadente, con una iglesia en ruinas y los padres sufriendo escarnios. En poco tiempo él cambió la situación: Siendo hostilizado por un grupo de jóvenes, se quitó la sotana,  se plantó en medio de la calle,  los llamó de bando de maricones y desafió a cualquier macho que tuviese allí a una lucha a tortas.

    En poco tiempo se transformó en una figura popular: ¡los fieles que huían a los sermones empezaron a volver a la iglesia atraídos por aquél “padre diferente” recién llegado! Con la ayuda de la población que se organizó  a su alrededor, restauró la iglesia,  fundó un hospital que fue inaugurado por la “primera dama” del país (la esposa de Batista) entre otras realizaciones civiles y religiosas. Atraía las personas con su idealismo y su comportamiento bien humorado, y mantenía a raya los más abusivos con su lado bravío.   

    

     Como ya dije, yo soy más bien un “imitador” de guerreros y héroes. Pero hubo también en mi vida momentos en que no imitaba a nadie para enfrentar empresas arduas. En una de esas ocasiones, cuando yo tenía 15 años, miraba Bargagain nevado y sintiendo un impulso loco dentro de mi que me decía que yo tenía que subir hasta allí “costase lo que costase”.

     Otra de esas ocasiones “especiales”,  ocurrió  en los tiempos que me alié al Proyecto Rumbo al Sol, cuando me entregué a aquél proyecto sin reservas: ¡si hubiese sido necesario yo dar la propia vida para que el proyecto se transformase en una realidad tangible, yo la habría dado, de eso no tengo la menor duda! (epopeya relatada en http://angelaguinaco.zip.net histórico 19/8/2006).



Escrito por Angel Moncayola às 09h14
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     Pero esas “ocasiones especiales” son excepción. La mayoría de las veces en que realicé alguna empresa ardua, lo fue por opción más cerebral que otra cosa, con la cabeza luchando para dominar el instinto de conservación, como lo hice por ejemplo en los tiempos en que trabajé en la mina de Potasas de Navarra, cuando enfrenté varias veces situaciones peligrosas en que avanzaba de frente al peligro “ocurra lo que ocurrir”, pues consideraba que era un ”deber moral” mío enfrentar el desafío. En esas ocasiones yo era lo máximo un Guerrero, tal como describe éste Paulo Coelho. Eso es diferente de la acción de alguien que sigue un “impulso profundo” procedente de algún Centro Íntimo, (no cerebral) situado más allá del “Yo Común”. Cuando la Gracia de Dios visita al hombre, entonces él se transforma, siendo capaz de realizar las Mayores Obras; mas si Ella nos falta, nos quedamos débiles e incapaces de realizar cualquier obra de verdadero valor –IMITACIÓN DE CRISTO –Libro II –Capítulo VIII -5.

     

     Me acuerdo de una ocasión en que adopté una actitud de “pseudo –héroe”, en realidad siendo más “vivillo” que otra cosa. Fue en los tiempos que vivía en Japón, cuando ocurrió un incendio en el alojamiento de la fábrica en que yo vivía y trabajaba. El alojamiento de los trabajadores extranjeros quedaba encima de la fábrica y era Domingo. El material de las construcciones en Japón es apropiado contra terremotos, pero deficiente contra incendios, pues son hechas con materiales fáciles de entrar en combustión.

    El incendio empezó en un cuarto en que fue dejado encendida una calefacción, sin haber nadie dentro. El fuego tomó grandes proporciones antes que alguien percibiese que él estaba ocurriendo y rápidamente se propagó por todo el alojamiento. Cuando yo oí el vocerío, todos corrían para la calle y el humo empezaba a esparcirse por todos los lados. Como mi cuarto era el más distante del fuego, pensé en que yo tendría tiempo de salvar documentos y alguna otra cosa de mayor importancia, pero en seguida me acordé de las rígidas normas civiles japonesas para el caso específico de incendios, cuando es necesario intentar salvar el patrimonio colectivo antes del particular: la primera de las normas es intentar apagar el incendio en su origen, y si yo me preocupase apenas en salvar mis cosas antes de cualquier otra actitud, sería visto como un irresponsable. Así, decidí coger un extintor que había en el cuarto que ocupábamos yo y mi familia y fui en dirección al lugar del incendio. Por la puerta del lugar ya salían llamas y no apenas humo y entendí que con un simple extintor no había nada de útil para hacer. Observé también gente de otra fábrica situada del otro lado de la calle, los cuales me hacían gestos de que desistiese, que no había nada para hacer con el equipo precario que yo tenía en manos. Retribuí los gestos de ellos,  como diciendo:       -Vosotros visteis, que yo lo intenté. Corrí para mi cuarto, dejé el extintor bien visible en medio de él para que los bomberos viesen después que hubo intento de uso del mismo, y empecé a colocar algunas cosas de importancia mayor en una mochila,  mientras sentía mis ojos y garganta escocer por la acción picante del humo. Todavía mi hija Solange volvió a subir las escaleras corriendo para buscarme, diciendo que yo estaba loco por quedar allí en vez de salir corriendo como todos ya lo habían hecho. Le dije para que ella saliese del local, que en pocos segundos más, yo también saldría.



Escrito por Angel Moncayola às 09h13
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